Desigualdad en educación: la culpa no es del bilingüismo

Shutterstock / JoeLogan

Adrián Granados Navarro, Universidad Pablo de Olavide

La educación bilingüe está en retroceso, o eso parecen indicar los numerosos titulares que bombardean los medios desde los inicios del curso académico, anunciando que 90 centros de Castilla y León, Castilla–La Mancha y Navarra han abandonado el programa bilingüe (de entre más de 3 700 centros bilingües, todo sea dicho).

Estas noticias a menudo se hacen eco de supuestos peligros de la educación bilingüe, como ciertas caídas en el rendimiento académico, la dificultad de estudiar contenidos en una lengua extranjera, o la incapacidad de los progenitores de ayudar con las tareas en casa.

Sin embargo, todas estas noticias tienen algo en común: no se están discutiendo las consecuencias psicolingüísticas y cognitivas del bilingüismo en el individuo (en su cerebro, en su capacidad, etc.); se está hablando de política. De política lingüística y educativa, sí; pero de política.

Problemas crónicos

Escapan por tanto del debate los beneficios de la enseñanza bilingüe para la mente y el cerebro y se juzga a la educación bilingüe por problemas que son crónicos del sistema educativo español en su conjunto.

De esta forma, se denuncia que en la educación bilingüe se baja el nivel de contenidos, pero se pasa por alto lo que ocurre en el resto de centros o si estos contenidos son útiles; se critica el rendimiento académico del alumnado del sistema bilingüe, obviando que la tasa de abandono escolar general de España es la más alta de la Unión Europea (en torno al 20 % para los hombres y el 11 % para las mujeres); o se dice que el bilingüismo impide que los padres ayuden a sus hijos con las tareas escolares, pero no se cuestiona por qué deberían los progenitores involucrarse en esta labor.

Nivel socioecónomico y resultados académicos

Al final, el cariz social y político del debate suele quedar plasmado en una de las principales críticas al sistema bilingüe: según algunos, es segregacionista y no es adecuado para el alumnado de bajo nivel socioeconómico (véase, por ejemplo, la opinión de esta profesora entrevistada: “Yo era profesora en ese momento y ya estaba viendo que por las características de nuestro alumnado no iba a funcionar”).

Esta visión cuenta con el respaldo de estudios empíricos realizados en la Comunidad de Madrid y en Países Bajos, según los cuales los estudiantes del sistema bilingüe del nivel socioeconómico más bajo obtienen peores resultados en las materias “no lingüísticas” (matemáticas, historia, etc.) que sus homólogos del sistema estándar. No obstante, también hay estudios de gran envergadura, como el informe MONCLIL, que contradicen estos datos.

En definitiva, el mayor argumento contra la enseñanza bilingüe hasta la fecha es que es perjudicial para los estratos sociales más bajos. No se pone en duda, por tanto, si es bueno que nuestra futura jefa del Estado curse sus estudios en inglés o por qué los centros privados de renombre enarbolan la bandera del bilingüismo; se cuestiona si el bilingüismo educativo es positivo para la hija de una familia humilde.

La educación bilingüe ayuda a todos los alumnos

Ante esto, un equipo de investigadores de la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla) y de la Universidad de Granada hemos realizado un estudio a gran escala, que ha sido reconocido como el mejor artículo de investigación lingüística del año 2021 por la Asociación Americana de Lingüística Aplicada.

En dicho estudio, se seleccionó una muestra de 3 800 estudiantes de 184 institutos andaluces a través de muestreo aleatorio estratificado en función de su distribución geográfica, su modelo lingüístico (bilingüe en inglés o no bilingüe) y su nivel socioeconómico (del nivel 1 al nivel 4). Es decir, todas estas variables estaban proporcionalmente representadas en la selección.

Luego, estos estudiantes realizaron pruebas de competencia (de nivel) en español, inglés e historia, y los resultados fueron analizados estadísticamente.

Lo que este estudio reveló fue que, precisamente, la segregación tan denunciada del bilingüismo es una constante en los centros ordinarios: en la educación no bilingüe, los estudiantes obtuvieron mejores resultados mientras mayor era su nivel socioeconómico, y viceversa.

Mientras tanto, en la educación bilingüe, todos los niveles socioeconómicos alcanzaron unos resultados igualmente buenos (superiores, en la mayoría de los casos, a los del sistema no bilingüe). Además, el nivel de español no se vio empobrecido por el uso del inglés en el aula, como se teme a veces, sino que mejoró.

Neutralizar desigualdades

Esto demuestra que una de las grandes críticas del sistema bilingüe, la desigualdad, es propia del sistema educativo general. Resulta alarmante que el nivel socioeconómico del alumnado continúe siendo condicionante de su éxito académico y que las autoridades educativas estén fracasando en su función redistribuidora del capital cultural. En este sentido, el sistema bilingüe sí supone un éxito, ya que, al menos en Andalucía, consigue neutralizar estas desigualdades.

Por supuesto, esto no exime al bilingüismo educativo de toda crítica. Como dijimos al principio, se trata del resultado de un proceso político, y siempre se puede y se debe mejorar. No obstante, los más graves peligros de la educación bilingüe son, en su mayoría, los peligros de la educación, a secas. Ejemplo de ello son la masificación de las aulas y la burocratización del oficio de enseñante, que suponen grandes lastres para la atención a la diversidad del alumnado, con bilingüismo o sin él.

Un futuro plurilingüe

Lo que parece claro es que el futuro educativo de España no es solo bilingüe, sino plurilingüe. En 2017, la Unión Europea estableció como objetivo que todos sus ciudadanos hablen dos lenguas además de la propia. Cómo conseguiremos esto está todavía por ver.

Si atendemos a la investigación lingüística, la introducción temprana de una lengua extranjera en la vida de un niño solo compensa si se le somete a abundantes horas de exposición (de contacto y uso de la lengua). Por tanto, limitar estas horas a las de la clase de inglés sería remar a contracorriente.The Conversation

Adrián Granados Navarro, Profesor de Lingüística Aplicada, Universidad Pablo de Olavide

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

%d bloggers like this: