Por qué liberar pigargos en España es una mala idea

Pigargo europeo (‘Haliaeetus albicilla’).
Per Harald Olsen / NTNU / Flickr, CC BY

David Alvarez, Universidad de Oviedo; Alfredo Fernández-Ojanguren, Universidad de Oviedo y Germán Orizaola, Universidad de Oviedo

El pigargo europeo (Haliaeetus albicilla) es una de las aves rapaces de mayor tamaño de Europa. Hace tres meses, nueve pigargos llegaron a España desde Noruega para ser liberados en Pimiango (Asturias) como parte de un proyecto de “reintroducción”.

El objetivo de este proyecto, ejecutado por la organización GREFA y apoyado y financiado por el Principado de Asturias, la Comunidad de Cantabria y el Gobierno de España, es establecer una población reproductora de esta especie en el Cantábrico.

Pigargo europeo (Haliaeetus albicilla) en Eslovaquia.
Radovan Václav / Flickr, CC BY-NC

El pigargo está incluido entre las 13 especies de animales que se se suponen extinguidas en el medio natural español en tiempos históricos. Según la normativa vigente, las Administraciones públicas deben promover la vuelta de estas especies a su hábitat original.

No obstante, el secretismo y la falta de respaldo científico con el que se está desarrollando este proyecto han despertado las críticas de científicos, grupos ecologistas y colectivos ganaderos.

El funcionamiento de los proyectos de reintroducción

Los primeros proyectos de reintroducción documentados se realizaron a mediados del siglo XIX con la suelta de urogallos suecos en Escocia tras su extinción en 1830. Desde entonces, esta práctica se ha convertido una herramienta habitual para la conservación de la diversidad biológica.

Los programas de reintroducción liberan especies en zonas donde han desaparecido o refuerzan poblaciones escasas. También se pueden introducir especies fuera de su rango de distribución histórico para restaurar procesos naturales de los ecosistemas o para reducir el riesgo de extinción en especies con una limitada capacidad de dispersión (colonización asistida).

Pigargo europeo en cautividad, Alemania.
Jörg Hempel / Wikimedia Commons, CC BY-SA

Un proyecto de reintroducción, sea del tipo que sea, necesita ser evaluado rigurosamente. Es imprescindible determinar si las causas que provocaron la extinción han desaparecido. Además, hay que asegurarse de que el lugar de suelta es adecuado para que se establezca una población autosuficiente de la especie. Se necesita realizar un análisis de viabilidad que considere si en la zona hay suficiente alimento, lugares adecuados para la reproducción o amenazas que afecten a su supervivencia.

También se deben considerar los riesgos ecológicos, tanto para otras especies como para el funcionamiento de los ecosistemas donde se lleve a cabo la reintroducción.

Por último, es necesario evaluar los riesgos socioeconómicos y la percepción social de los distintos sectores de la población. Y por supuesto, deberían contemplarse los riesgos financieros de cara a la continuidad del proyecto o a eventuales acciones para reparar los posibles daños causados por la especie introducida.

La defaunación o pérdida de poblaciones o especies en una comunidad ecológica es un reflejo de la actual crisis de biodiversidad. Pero cuando una especie desaparece, otra especie puede ocupar el vacío dejado por ella, restaurándose las funciones ecológicas perdidas. Por tanto, la introducción de una nueva especie, o la reintroducción de una especie extinta que ya no forma parte de la comunidad, puede producir un desajuste ecológico de consecuencias impredecibles.

Pigargo europeo (Haliaeetus albicilla), islas Lofoten, Noruega.
Bouke ten Cate / Wikimedia Commons, CC BY

¿Es el pigargo una especie extinta en España?

Para considerar una especie como extinta, las pruebas, tanto de su extinción como de su presencia en tiempos históricos, deben ser irrefutables. En el caso del pigargo en España eso no ocurre. La documentación que se ha usado para su catalogación como especie extinta se reduce a unos informes sobre restos arqueológicos, a varias citas de ejemplares solitarios y a dudosos indicios de cría.

En en norte de la Península, estos indicios tienen su origen en un artículo de Francisco Bernis, publicado en 1948 en el Boletín de la Sociedad Española de Historia Natural titulado Visita ornitológica de febrero a las islas Sisargas. En el artículo se narran conversaciones con marineros locales, mencionando algunos topónimos atribuibles a águilas u otras aves de gran tamaño. Bernis no confirma en ningún momento que el pigargo haya criado en Galicia. Esta opinión es solo una especulación resumida en una frase: “¿Criaría en otros tiempos en las Sisargas el Haliaeetus albicilla?”. Nada más.

Trabajos previos han mencionado la cría del pigargo en las islas Baleares. Estos registros tampoco son seguros y se trataría, muy probablemente, de confusiones con nidos de águila pescadora (Pandion haliaetus). Esta especie sí se reproduce en este archipiélago y, al igual que el pigargo, puede construir nidos voluminosos en árboles o acantilados marinos.

Nido de pigargo con tres pollos, Ucrania.
Maxim Gavrilyuk / Wikimedia Commons, CC BY-SA

Estos y otros indicios ya han sido analizados y rebatidos en detalle. La conclusión es que no se puede asegurar con certeza que el pigargo haya mantenido una población estable en tiempos históricos en España. Por tanto, este proyecto no conduciría al regreso de una especie extinta, sino a la introducción de una especie foránea.

El Proyecto Pigargo en Asturias

El Proyecto Pigargo se apoya en la existencia de unas pruebas de su reproducción histórica en España que, como se ha indicado, no pueden considerarse irrefutables. Además, omite muchas de las premisas necesarias para desarrollar con garantías un proyecto de este tipo.

En el proyecto no se ha considerado el impacto sobre otras especies amenazadas de la zona de suelta, como el cormorán moñudo o el salmón atlántico. Ambas especies son presas potenciales del pigargo y se encuentran en un estado de conservación desfavorable. La población reproductora de cormorán moñudo en Galicia y el Cantábrico se ha reducido casi a la mitad desde 2004. El salmón atlántico tiene sus poblaciones más meridionales en la cornisa cantábrica y se encuentra en imparable declive. Los efectos de la suelta de un gran depredador sobre estas y otras especies no han sido evaluados.

Tampoco se ha considerado el impacto de la liberación de pigargos sobre el ganado. Un proyecto para introducir pigargos en el este de Inglaterra, similar al planteado ahora en Asturias, acaba de ser cancelado por su posible efecto negativo sobre los animales domésticos.

La liberación de los pigargos se programó además dentro de la Zona de Especial Protección para Aves Ría de Ribadesella – Ría de Tinamayor. Cualquier proyecto que se quiera ejecutar en estas zonas debe incorporar un estudio de evaluación ambiental, lo que no ha ocurrido en este caso. Además, debido a la capacidad de dispersión de esta especie, es probable que algunos ejemplares lleguen a otros espacios protegidos en los que tampoco se ha evaluado su impacto.

Son muchas las especies y los hábitats en peligro en la cordillera Cantábrica. La comunidad científica y conservacionista lleva mucho tiempo reclamando actuaciones de conservación decididas para muchos de ellos. La liberación de pigargos en Asturias está muy lejos de ser una prioridad y representa un uso inadecuado de los fondos dedicados a conservación.

Continuando con el secretismo que ha rodeado a este proyecto desde sus inicios, el pasado 4 de octubre fueron liberados siete de los nueve pigargos que permanecían en el jaulón de aclimatación. Han pasado 3 semanas hasta que se ha informado sobre esta suelta.The Conversation

David Alvarez, Profesor Ayudante Doctor de Zoología, Universidad de Oviedo; Alfredo Fernández-Ojanguren, Profesor de Biología Evolutiva, Universidad de Oviedo y Germán Orizaola, Investigador Ramón y Cajal, Universidad de Oviedo

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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